CAPÍTULO 18. y...tres. + EPÍLOGO




Más tarde, Sara recordó el despertar como una mezcla de olores y sabores: plástico, lejía y ese tufo a alcohol medicinal de las instalaciones sanitarias. Tiene en la cabeza una nebulosa de malos sueños. La boca pastosa. Le cuesta enfocar al principio, igual que reconocer su propio cuerpo tumbado. La pierna derecha está inmovilizada, escayolada. Su primer pensamiento consciente es intentar recordar quién es ella y cómo ha llegado hasta una cama de hospital, con una pierna rota y un horrible dolor de cabeza. Recuerda, el incendio, el salto, el miedo a morir.

Aparece una enfermera, le sonríe, no es una sonrisa muy amigable, pero es una sonrisa. Se inclina sobre ella y enseguida nota un sopor cálido, se vuelve a dormir.

De nuevo nota como viene la consciencia poco a poco, esta vez su situación no le sorprende tanto. Asume que está en un hospital, está viva. No ha muerto achicharrada. Tampoco ha muerto aplastada contra una roca de aquella poza. Ahora recuerda bien el salto suicida. Se esfuerza pero no recuerda nada más que el instante previo del salto arrastrada por Carlos. Supone que la pierna rota y ese dolor de cabeza tiene que ver con ello, pero no nota nada más. Se pregunta cuánto tiempo llevará así.

-Hola Sara.-Es otra enfermera la que está inclinada sobre ella. Parece más amable. Le toca la frente buscando fiebre, la muñeca palpando el pulso y revisando la vía de suero. “Hospital Campo Arañuelo” lee en su bata.

-Hola. ¿Sobreviviré? – Pregunta con una sonrisa.

-Has estado cerca, eso sí te lo digo. Ahora viene el doctor. ¿No recuerdas nada?

-Empiezan a venirme recuerdos. El incendio, el salto donde me partí la pierna, el segundo salto…-Se empiezan a agolpar imágenes, llegan en tromba- ¿Cómo está Carlos?

-¿Carlos?

-Estaba con una persona, me salvó del incendio. ¿Dónde está? ¿Está bien? – De repente, le preocupa mucho, aunque por alguna razón no le parece que le pueda haber pasado nada grave.

-Tu novio se recupera, no está aquí. Ahora te lo van a contar. En seguida viene el doctor.

-Pero…

-Tranquila, ahora vienen y te lo explican todo. No te muevas.

Sale la enfermera. La oye hablar con una persona, una sombra en la puerta a través del cristal traslúcido. Se abre la puerta y aparece Marina.

-Hola, ¿Qué tal estás?

-Hola Marina.-Es la segunda vez que la ve. La primera fue en el colmenar de Mateo hace… ¿Cuánto tiempo? Ahora está vestida de juez o por lo menos, de mujer profesional. Traje chaqueta, perfume caro, pelo arreglado, maquillaje. Sonríe.

-¡Cómo me alegro de que estés bien! Qué susto nos diste. Os encontró un bombero del retén que vino de la base de La Iglesuela cuando ya estaba casi controlado el incendio, estáis vivos de milagro. Aquello fue un infierno. Inconscientes los dos en el agujero aquel. Tardaron doce horas en sacaros, los del grupo de montaña de la Guardia Civil, sedados, en camilla y con cuerdas.

Procesa la información. La mira, inquisitiva.

-Carlos está bien. Está en otra planta –supo que mentía- También se llevó un golpe bueno en la cabeza, otra conmoción. Pero sin más problema, tenéis la cabeza dura.

-No me mientas más. –Busca su mirada, Marina la evita. Pasan unos segundos. Suspira. Definitivamente le fastidia la insistencia en el hombre que en su opinión ha originado tantos problemas.

-De acuerdo, tienes razón. Carlos está estable, pero tiene fracturado el cráneo. Dicen los médicos que de esta se salva, incluso con un poco de suerte sale sin secuelas. Está en Madrid. Ayer se despertó.

Ahora sí la mira a  los ojos. Sara quiere saber más. Su silencio es una interrogación.

-Está detenido.

-¿Detenido?

-Sí, y tú también.

-¿Qué?

-Ahora aquí estoy haciendo de abogado gratis más que de juez. A todos los efectos, Sara, yo no he estado aquí y esta conversación no ha existido. Vengo para aconsejarte. Quiero ayudarte. Necesitas un abogado. Cuando tú quieras vendrá uno de oficio, o te puedes buscar uno. Os voy a denunciar por pirómanos.

-¿Queeeé?

-Escúchame. Escúchame bien porque a lo mejor no nos vemos hasta el juicio, suponiendo que me veas entonces. Te has visto involucrada en un buen mogollón. El famoso BRIM, que es como llama todo el mundo a una institución privada de Estados Unidos que tiene un convenio con los ministerios de Defensa y de Interior de España, ha estado trabajando aquí desarrollando un experimento a base de modificaciones genéticas de abejas. Instaló un laboratorio y al investigador de la UEX que tú conoces en la sierra. Desde ahí ha ido introduciendo abejas modificadas genéticamente en los colmenares que tenía la gente en todo el término municipal de Villanueva. En un momento dado, una colmena se rebeló, pasó a la tercera etapa, que dicen ellos.

-La fase C.

-La fase C, las abejas se rebelaron, tomaron conciencia de sí mismas o qué se yo. No lo saben ni ellos. El caso es que el primero fue Mateo, después el ataque en la piscina y luego arriba en la sierra, como ya comprobaste. Su objetivo era crear una superabeja, un ser más inteligente que el que el hombre ha pastoreado durante cientos de años, para aprovechar sus capacidades físicas y psíquicas. En particular, sus receptores químicos y la capacidad de colaboración. La idea que tienen es la de usarlas como detectores de drogas, explosivos, incluso como armas. Aunque ya venían con la investigación hecha, la puesta en marcha en experimentación directa ha sido un desastre y han preparado una aquí que no veas, ya has visto los resultados. Han muerto quince personas, hay un conflicto internacional de la leche.

-Me vendiste.

Parece que no ha escuchado nada, solamente la mira a los ojos y la acusa con la mirada. Marina suspira.

-Sara, me llamó la ministra de interior, me pusieron un ordenador y hablé por videoconferencia con ella. Me dio órdenes claras y precisas de que hiciera lo que me ordenaran. No podía imaginar que te fueran a raptar. ¡Tienes que creerme!

-Me cuesta. Me cuesta mucho creerte.

-Pues es la verdad. La pura verdad. Pensé que te protegía. Estuve allí. Subí a por ti. En el primer incendio. Saltándome no sé cuantos procedimientos me planté allí porque no podía soportar la idea de que te hubieran hecho algo por mi culpa, luego…ocurrió todo tan rápido que no pude investigar como quería. El incendio, los bomberos, me obligaron a alejarme, por seguridad.

-Me raptaron cuando tú me llamaste, quien sabe lo que me hicieron o me metieron en la sangre para drogarme. Me tiraron con mi coche por un barranco. Después me raptaron otra vez. Si no llega a ser por Carlos, no sé qué me hubieran hecho.

-Si no llega a ser por Carlos…Ha incendiado la sierra. Yo vi como lo hacía. Casi provoca él también varias muertes de los hombres del BRIM ese y de la Guardia Civil que intentaron apagarlo. Por no hablar de los bomberos que arriesgaron su vida, los gastos de la intervención, incluido vuestro rescate de aquel pozo. Se ha tardado una semana en controlarlo y extinguirlo completamente. Aquí todo el mundo ha jugado con cosas que le venían grandes, con consecuencias terribles que ya veremos en qué acaba todo esto.

-¿El enjambre?

-¿Qué?

-¿Qué ha sido del enjambre? Estaba en una caseta en ruinas, al lado de la poza donde nos encontraron.

-No te sé decir, el fuego lo ha arrasado todo.

-Eso era lo que él quería.

-¿Quién?

-Carlos, sabía que el fuego lo destruiría. Ha prendido la sierra para hacer lo que ellos no sabían ni querían, matar a las abejas. Os ha resuelto el problema. Y ahora le vas a meter en la cárcel.

-A ver, eso está por esclarecer. Por ahora, está retenido. No creo que le caigan muchas medallas, desde luego, aunque eso que dices sea cierto. Más bien puede esperar una temporadita en la sombra. Créeme, va a ser lo mejor. Así se olvidan de él.

-Me parece alucinante ¿Y yo?

-Bueno, voy a intentar que no te pase nada. Que sepas que estás en el centro de un huracán que nadie sabe hacia donde puede tirar. Esta mañana hablé con el delegado del gobierno. Tanto tú como tu amigo es posible que salgáis de rositas, más o menos. A cambio, claro está, de que no soltéis prenda. Una palabra a un periodista y os joden para toda vuestra vida, despídete de trabajar. Así te lo digo. Pero no te preocupes, sobre todo contigo va a ser fácil solucionarte el embrollo. Para Carlos…bueno, en estos casos lo mejor es que pase unos meses en el trullo y así pague la deuda con la sociedad, calle las reclamaciones de la otra parte, los americanos que también están deseando patear el culo a alguien y largarse de aquí sin que nadie sepa que han estado. Si alguien hace de cabeza de turco, mejor para todos.

-Pero esto se tiene que saber…

-Exactamente, pero eso es justo lo que no va a pasar. Se va a deslocalizar el proyecto. Vamos, que esta gente se va a ir pitando y sin hacer ruido, supongo que a otro sitio con lugareños que les molesten menos. Tú vete pensando un destino lejos de aquí, un puesto de veterinaria en cualquier centro rural te espera donde tú digas. Eso sí, pórtate bien. Como te he dicho, una palabra a un periodista y prepárate. Nunca es bueno que cierta gente sepa tu nombre y te puedo asegurar que te conocen en más de un ministerio, al más alto nivel, no precisamente el que barre la puerta.



Hay un silencio. Sara asume su situación. Parece que todo el mundo ya ha decidido por ella. Tiene que pensar en todo esto, pero es posible que la solución que le ofrecen no sea la peor, después de todo. No es lo más honroso, pero si es la forma de olvidarse de ello y salir de rositas como dice Marina, quizá sea la mejor opción.



La juez la mira con interés. Piensa que le va a costar olvidar esos ojos verdes. No es que se hubiera hecho ilusiones, pero de imaginación también se vive. Ahora, tras el momento de poner las cartas sobre la mesa, ya está de nuevo en su sitio. Borrón y cuenta nueva. Se acabó. Ya ha cogido el ascensor de ascensos y nada de todo esto la va a salpicar. Si durante un instante se ha sincerado con Sara, sabe que cuando cruce la puerta ya nunca más la va a mirar a la cara. Ella misma desconoce su futuro, ni siquiera lo intuye. Le han prometido seguridad y anonimato en esta historia. En su caso, más que en el del topógrafo y en el de la veterinaria, ella sí se lo cree; estos dos lo tienen crudo, piensa. Ya veremos si cumplen las promesas con ellos o acaban enchironados. Ella sabe donde no va a acabar, eso sí lo tiene seguro. Ha sido su primera y última actuación destacable como juez. No se ve capaz de juzgar a nadie, después de conculcar en pocos días todo lo que se había propuesto y comprometido a defender. Probablemente habrá que aprovechar la oportunidad que le han brindado y cambiar de profesión. Se pregunta cómo será eso de ser asesora en un consejo de administración.



Sara piensa en Carlos, va a ser difícil que le vea de nuevo, como dijo él aquel día en el chozo -parece que sus palabras fueron proféticas- al topógrafo le toca siempre comerse el marrón de todos. A lo mejor tiene razón Marina y unos meses de cárcel le sirven de expiación a todos los intereses e instituciones que hay mezclados en esto y le hacen pagar el pato. No sería mal arreglo, incluso para él. Por lo menos le darán de comer, protegido y dejando pasar el tiempo suficiente como para que se olvide todo esto. ¿Ella? Bueno, ojalá que no le queden secuelas y pueda volver a andar sin problema. Un puesto de veterinaria en el pueblo de sus padres no estaría mal, volver al terruño con una plaza fija es un horizonte muy tentador en las actuales circunstancias. Intentarlo de nuevo, a ver si consigue de una vez sentirse pertenecer a algún sitio. Además, por allí no hay muchas colmenas, que ella recuerde. Le gustaría ver a Carlos, conocerle más, darle las gracias por salvarle la vida. Piensa que va a perder un gran amigo sin haber llegado a ser más que conocidos circunstanciales en la más extraña aventura que vaya a vivir jamás. Incluso pasa por su cabeza el pensamiento de compartir la nueva vida con ese extraño personaje con el que se ha creado un vínculo que no es capaz de definir. Demasiadas cosas. Coloca ese pensamiento en Estado de Espera -como la canción de Extremoduro que le viene a la cabeza ahora sin saber por qué- dentro de su prioridad de cosas por hacer y cavilar, por ahora no puede más.

-¿Y Darío?

-¿El Investigador?

-Sí.

-Murió.

Sara enarca las cejas, no se lo esperaba. Sentimientos encontrados se juntan en su fatigada cabeza. De repente se encuentra agotada. Lo que más desea en este momento es descansar y olvidarse de esto, aunque sabe que nunca lo va a conseguir del todo.

-Junto con el otro señor, el jefe de la expedición americana, ese hombre alto tan desagradable. Intentaron escapar ladera arriba. Les encontraron cerca de la caseta en ruinas que tú dices.

-¿Quemados?

-No. Intoxicación por apitoxina. Les mataron las abejas.












EPÍLOGO



Las tijeras atacan certeras los racimos de uvas. Sara los va lanzando al capacho. Se yergue con la espalda dolorida, le chasquean las vértebras. Una vieja contractura amenaza con volver a manifestarse. Alzando la vista hace la cuenta mentalmente de lo que queda hasta terminar la rectilínea alineación de cepas. Después de esa y hasta la hora del almuerzo, aún le quedan tres líneas más.
La tierra roja huele a humedad de rocío, también de la cooperativa del pueblo le llega el aroma del mosto. Están prensando la carga de uva que descargan los remolques de los tractores en la moledora. Se ha quedado un poco retrasada respecto al grupo. Tendrá que achuchar, no por ser familia puede escaquearse del trabajo.

Un vehículo se acerca. No lo conoce. Se detiene junto a ella, baja un hombre. “No me lo puedo creer”. Ha identificado su figura al instante. Es él, sin ninguna duda, aunque está distinto, como gastado. Sus hombros, su mirada, su ademán llevan un peso distinto al que ella conoció el verano del año anterior.
-Sara.
-Carlos.
No saben acercarse, se mantienen a distancia.
-Me ha costado encontrarte.
-¿Cómo lo has conseguido?
-Estuve cotilleando en tus cosas, ¿recuerdas? Había una foto antigua de un señor en una era, por detrás ponía “Alcubillas” y una fecha de 1969.
-Mi abuelo.
-Lo suponía. El caso es que el trabajo me ha llevado por aquí. Ayer desde el vértice geodésico que hay en el cerro encima de tu pueblo hice un barrido con el telescopio de mi aparato y te vi trabajando. Te reconocí en seguida. Así que supuse que hoy ibas a estar vendimiando otra vez.
-Vaya, señor detective, estoy impresionada. ¿Qué es de tu vida? ¿Cómo saliste de aquello?
-Bueno, pues jodidamente, la verdad. Una herida bastante fea en la cabeza –se quita la gorra y le muestra una cicatriz como una diadema de oreja a oreja- y una condena por pirómano. Multa y condena a cárcel que no tuve que cumplir por ser inferior a dos años. Desde entonces, imposible encontrar trabajo. En cuanto aparece mi nombre en un papel se acabó. Parece que me huelen. Estoy chapuceando para amigos, a precios de risa, como siempre.
-Me lo dices o me lo cuentas. Yo conseguí la plaza para veterinaria aquí pero en seguida se suspendió. Reposición cero que llaman ahora. Aquí estoy, doblando el lomo.
-Parece que nos jodieron.
-Sí, y eso que nos portamos bien.
-Lo bueno es que se acabó.
-Sí. Definitivamente.
Un silencio. Se siguen mirando.
-¿Qué haces luego?
Sonríen.






Villanueva de la Vera, mayo de 2014.

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